jueves, 19 de junio de 2025

Mi dios es profundamente humano


No sé si mi dios perdona.

Pero sé que mi dios, muchas veces, me falla.
Cuando enfermo, no veo que me sane.
Difícil saber si me ama,
pero a veces… castiga.

Porque mi dios es profundamente humano.

Parece indiferente,
pero deja huella.

Mi dios no es perfecto.
Ni infalible.
Mi dios es profundamente humano.

Se esconde.
Se enoja.
Se aleja.

Pero también, a veces,
me acaricia sin razón.
Me da señales torpes,
como quien no sabe cómo amar,
pero lo intenta.
Como un dios profundamente humano.

No sé si mi dios existe.
Pero sé que vive en mí.

Y a veces,
me responde como mi propio eco,
cuando le hablo en silencio.

Porque mi dios es tan humano...
es tan yo.

Soy una paradoja sin testigos

 ¿Quién soy yo?



Cada vez que intento responder, me disuelvo un poco. No soy lo que otros dicen de mí. Ni el elogio ni el reproche me definen. No soy lo que hice, ni mis títulos. No soy lo que me hicieron, ni mis traumas. Ni los relatos con los que la memoria me seduce. No soy una historia clínica, ni un diagnóstico con receta médica. No soy una biografía pulida para el currículum, ni un álbum de fotos donde siempre sonrío. Porque: Mis pensamientos son míos —aunque a veces no los comprenda. Mis emociones son mías —aunque me arrastren como ríos. Mis valores son míos —aunque hayan sido sembrados por otros. Mis actos son míos —aunque me contradiga a cada rato. No necesito la mirada de otro para saber quién soy. Ni la voz del psicólogo, ni el juicio del psiquiatra, ni el guión del coach, ni el afecto inseguro de quien me aprecia desde su miedo. La verdad es simple: El mapa está en mí. La brújula también. Solo tengo que aprender a leerlos: no con urgencia, ni con prejuicios, ni con sabidurías ajenas, sino con la calma del que escucha su eco en el silencio. Y aunque tal vez nunca lo sabré del todo, porque mientras más me reconozco, más cambio, como la arena en el viento.

jueves, 29 de mayo de 2025

Tornado moral y anestesia ciudadana



Recién leo este artículo conmovedor publicado en El Mostrador sobre Puerto Varas. Me llega de cerca por familiares y amigos que viven ahí.
También me conmueve por la capacidad de una ciudad de levantarse con dignidad y calma tras un tornado de 178 km/h.
Pero no pude evitar pensar en otra clase de tormentas: esas que no botan árboles ni vuelan techos, pero que arrasan con la confianza, la decencia y el alma colectiva.
Porque sí, ver a una comunidad ayudarse en medio del desastre —sea tornado, terremoto, incendio, inundación o socavón—, sin bocinazos, con respeto, carabineros, bomberos y vecinos colaborando como si todo funcionara, enaltece el espíritu.
Un pequeño milagro en un país donde la desazón moral es pan de cada día.
Pero también es un espejo incómodo: la misma sociedad que sabe organizarse sin desesperarse tras un desastre natural, es la que sigue pagando el pato cuando los tornados son políticos, empresariales o judiciales: como en el caso reciente del uso fraudulento y masivo de licencias médicas que amenaza la sostenibilidad del sistema de salud; o los nombramientos por cuoteo político disfrazado de meritocracia, por devolución de favores concedidos por los "influencers" de la política y el lobby, o incluso por antiguos vínculos de parranda escolar.
Tormentas morales que erosionan lentamente la confianza pública, pero que rara vez se enfrentan con la misma urgencia, coordinación o cobertura que una catástrofe natural.
Al leer artículos positivos y llenos de valor como este sobre el reciente tornado, me llama a reflexionar sobre la otra cara de la contingencia: los últimos "descubrimientos" sobre el uso fraudulento de licencias médicas, las influencias inmorales que operan por amiguismos o como devolución de favores concedidos, los abusos de poder normalizados en distintos niveles del sistema.
Todo eso que se grita por un rato en redes sociales o matinales, pero luego, con la misma resiliencia y resignación, se adormece para poder seguir adelante como si nada.
Nuestra indignación es biodegradable:
Se degrada rápido, se disuelve en el aire mediático y nunca deja huella duradera.
Una anestesia cívica que deja pasar el escándalo como quien deja pasar la lluvia: esperando que se calme sin mojarse demasiado.
Una cultura que valora seguir adelante "pese a todo" corre el riesgo de naturalizar los abusos, transformando lo inaceptable en parte del paisaje emocional.
Nos volvemos expertos en levantarnos, pero no en exigir.
Sobrevivimos con cinismo funcional: sabiendo que algo está mal, pero aprendiendo a navegarlo como si fuera un hábito más, como lavarse los dientes en la mañana.
Aprendemos a barrer los escombros, pero no a pedir rendición de cuentas a quienes, por acción u omisión, permiten que se repitan.
La resiliencia, tan necesaria y celebrada, calma el dolor, pero también adormece la reacción. Nos invita a soportar, resistir, adaptarnos… pero, ¿a qué costo? ¿Qué emociones quedan dormidas en el camino?
- La rabia justa que impulsa a actuar.
- La frustración colectiva que podría transformarse en acción política o social.
- El asco ético ante lo corrupto y lo impune.
Mientras el tornado natural se lleva árboles, casas y techos, el tornado moral se lleva la confianza, la dignidad institucional y la fe ciudadana.
Pero este último no se declara zona de catástrofe, ni moviliza ayuda estatal. A lo más, genera titulares de un par de días y memes de WhatsApp.
Y entonces… reaparece la resiliencia:
“¿Y qué vamos a hacer? Así es Chile”.
“Mejor reír que llorar”.
“La vida sigue”.
Pero esas frases también operan como calmantes culturales. Y mientras nos reímos para no llorar, se filtra —y se normaliza— algo más profundo: la red subterránea de la mini-corrupción cotidiana.
No son los grandes escándalos, sino de gestos invisibles que se asumen como parte del folclor nacional: desde robar un dulce en el supermercado —“total, las mermas están incluidas en el precio”— hasta llegar tarde al trabajo culpando a “la micro”, cuando en realidad uno salió tarde. Desde el pituto inofensivo al favor entre conocidos, desde la boleta que no se pide al gasto personal disfrazado de empresa. La licencia médica para faltar a un examen o ir al acto escolar no es excepción: es un síntoma más de prácticas culturalmente toleradas, donde lo pequeño también erosiona lo ético.
Y todo eso se sostiene con mantras que parecen inocentes, pero que en realidad mantienen a flote un sistema que después nos pasa la cuenta:
“hay que aprovechar lo que hay”,
“si total todos lo hacen”,
“si la pérdida estaba calculada”,
“si otros lo hacen, ¿por qué no yo?”.
Respuestas que si bien ayudan a sobrellevar la existencia, también pueden inhibir la acción transformadora.
Nos vuelven funcionales en el desastre, pero no protagonistas del cambio.
Puerto Varas, en medio del lodo y los árboles caídos, mostró que la comunidad existe, que la solidaridad sigue viva. Eso es valorable.
Porque resistir no basta. También hay que reaccionar.
Una invitación a preguntarse:
¿Y si esta vez, en lugar de reconstruir en silencio, aprendemos a incomodar con dignidad?
¿Y si además de resistir, nos organizamos para exigir transparencia, votar con conciencia, denunciar sin miedo y dejar de reírnos de lo que nos indigna?

jueves, 8 de mayo de 2025

Ngütramkan Küyen Ñuke - Luna de los Relatos

El 12 de mayo 2025 será la luna llena de mayo, luna de los relatos.

Ngütramkan Küyen Ñuke
Luna de los Relatos


En la ruka susurran cuentos,
afuera, duerme el frío.
El fuego danza por dentro,
viejo, sabio, encendido.

La luna llena de mayo, colgando
de un cielo azul bien tejido,
ilumina los susurros
de un pasado no vencido.

La abuela, voz de piedra,
canta historias sin papel:
del piñón, del pehuén sabio,
del zorro y del koypu fiel.

Niñas con ojos despiertos
escuchan en ronda sagrada;
cada cuento, una llave
que abre puertas olvidadas.

Küyen Ñuke escucha en silencio.
La palabra que renace,
en el centro del kütralwe,
trae lo que había dormido.

Hablar es un modo de alzar,
contar es semilla en el viento,
como el fuego que abriga,
como el poncho del tiempo.

Historias que hay que decir
y repetir como un rezo lento.

jueves, 27 de marzo de 2025

Oráculos del tiempo: lo que el viento aún guarda

 

Hugo Cisternas


La naturaleza no oculta el futuro.
Solo lo susurra
en lenguas que olvidamos oír.

Golondrina del tiempo,
cucharón celeste que traza estaciones.

Cielo vestido
de arcoíris matinal,
suspiros del alba.

Viento que humedece,
nube gris navegando los cielos,
trueno dentro del trueno.

Viento de marzo,
la flor no teme caerse.
Solo florece.

El sabio observa.
Sin perseguir señales.
Sin temor al cambio.
Adivinar sin adivinar.
Sabiduría profunda.
No hay misterios.

Recuerdos memorizados
en saberes olvidados.

Intuición y ciencia:
la mente olvida,
el corazón recuerda.

Y en el silencio del tiempo,
el poeta escucha
lo que otros ya no oyen.

Conocimiento perdido
en los oráculos del tiempo.

martes, 25 de marzo de 2025

Más allá de la fobia: Una mirada desde la medicina china al sufrimiento emocional

Una opinión Hugo Cisternas


Ayer, a partir de una simple pero profunda pregunta sobre el tratamiento de fobias desde las medicinas complementarias, surgió una conversación muy interesante. Este intercambio de ideas me dejó rumiando, como suelen hacer las buenas preguntas, y me motivó a escribir este texto. No con ánimo de establecer verdades absolutas, sino para compartir una mirada que nace de mi experiencia clínica, del estudio constante, y de mi vínculo con la medicina china tradicional como un camino de comprensión del sufrimiento humano.

La psiquiatría occidental —según los criterios del DSM o la CIE— clasifica las fobias como categorías clínicas específicas e independientes, dentro del marco de los trastornos de ansiedad.

Desde la perspectiva de la medicina china tradicional, en cambio, estas manifestaciones se pueden comprender como expresiones de un desequilibrio del Shén, que puede entenderse como la mente relacional, enraizada en el Corazón (Xīn).

En medicina china, las emociones son manifestaciones del flujo de la vida, expresiones naturales de adaptación al entorno. Están en constante transformación y forman parte de una danza del Qì (气), que toma forma y función a través de las dinámicas del yīn y yáng.

Cuando para una persona y su vivir, estas emociones se vuelven excesivas, persistentes o inadecuadas al contexto, pueden alterar el flujo del Qì y afectar la armonía del sistema funcional orgánico, generando bloqueos, vacíos o excesos que se manifiestan en el cuerpo y el Shén, afectando la autopercepción de calidad de vida.

Por eso, en medicina china se dice que no hay emoción “separada del cuerpo”: el cuerpo es emocionado. O, dicho de otro modo, el Qì fluye emocionalmente informado (气动有情).

Tomemos como ejemplo la claustrofobia, que puede expresarse como una combinación de pánico, con sobresalto o ansiedad, asociados tradicionalmente al Riñón y al Corazón, respectivamente. Sin embargo, cada caso es diferente y complejo, y pueden estar implicados otros órganos, por ejemplo:

- Pulmón (Fèi): si hay una fractura de la identidad o la percepción de un yo diferente a los demás.

- Bazo (Pí): si se ve disminuida la capacidad de integración social o el sentido de pertenencia.

- Hígado (Gān): si se inhibe la expresión de la voluntad o se bloquea la capacidad de proyectar una vida sin angustia.

Estas alteraciones pueden manifestarse entre muchas otras posibilidades como:

- una desarmonía entre Agua y Fuego (Riñón y Corazón),

- un vacío de Qì de Corazón con hiperactividad del Shén,

- un ascenso rebelde del Qì del Hígado con calor interno que agita la mente.

Por eso, en medicina china, cada persona necesita un diagnóstico y tratamiento personalizado.

En medicina china, no se habla de "enfermedades" como entidades fijas, sino de patrones de desajuste o desarmonía, que se viven como una disminución en la calidad de vida, y que motivan la búsqueda de apoyo.

Ahora bien, me parece importante recalcar que, en mi opinión, la acupuntura y la psiquiatría no están en desacuerdo. Ambas observan a la misma persona, al mismo sufrimiento, al mismo patrón de comportamiento. Lo que difiere es el marco desde el cual se interpreta y se actúa.

Creo que muchas veces no se comprende que, lejos de oponerse, estas miradas pueden complementarse de forma potente y compasiva en la práctica clínica, proporcionando ayuda efectiva al sufrimiento.

Si, hay contextos en los que se requiere contención estructural inmediata —como en situaciones graves donde está comprometido el juicio, hay riesgo vital o se ha perdido la capacidad de autopercepción—. En esos casos, los psicofármacos especializados juegan un rol imprescindible.

Desde la visión ética y cosmológica de la medicina china tradicional, enmarcados en principios del Dao y el budismo, donde vida y muerte forman parte de un mismo proceso de transformación, no se busca intervenir para “preservar a toda costa”, sino más bien acompañar el proceso de reorganización de la vida según su propio ritmo para mantener una buena calidad de vida.

Sin embargo, en contextos culturales occidentales, estructurados por una ética judeocristiana, donde ciertos tabúes no pueden o no deben ser traspasados, los recursos psiquiátricos ofrecen una contención que la medicina china no necesariamente proporciona por sí sola. Esto se debe a que en su visión no se construye el sufrimiento desde la noción de “crisis” o “trastorno”, sino de desajuste vital.

Por eso, en algunos casos clínicos, acupuntura y psiquiatría pueden —y deben— colaborar con respeto mutuo. Esta colaboración no niega la eficacia de la medicina china, sino que la sitúa dentro de un marco más amplio de cuidado adaptado a la persona y su entorno.

Me parece importante también destacar que muchos casos de personas con aversión angustiosa a objetos, situaciones, lugares o incluso relaciones —eso que en psiquiatría se nombra como fobia específica o social— pueden ser tratados con acupuntura de manera efectiva y sin medicación.

Al desbloquear y armonizar el Qì, regular el sistema orgánico y calmar el Shén, la persona puede reconstituir su relación con el mundo, y su sufrimiento puede transformarse (no eliminarse mágicamente, sino integrarse).

Como decimos en nuestra práctica:

“La acupuntura no cura fobias, pero las personas con fobias resultan curadas por la acupuntura.”

Esa paradoja resume la sabiduría de esta medicina: no reducimos la experiencia humana a etiquetas diagnósticas, sino que acompañamos procesos de reorganización vital, donde cuerpo, emoción y percepción se reintegran con el ritmo de la vida.

domingo, 2 de marzo de 2025

Renovando lo viejo con humor y sabiduría. Construyamos molinos.

El 2 de marzo de 2025 confluyen dos eventos curiosamente sincronizados: Venus inicia su fase retrógrada en el firmamento y, aquí en la Tierra, se celebra el Día de las Cosas Antiguas. Dos sucesos que, como piezas de un mismo rompecabezas cósmico, nos invitan a hacer una pausa y reflexionar sobre el presente.

Mientras Venus parece retroceder en el cielo, lo que se interpreta en astrología como una oportunidad para revisar temas de amor, relaciones y valores—el Día de las Cosas Antiguas invita a reflexionar sobre nuestro propio pasado. Una invitación para sacarle las telarañas a esos recuerdos, hábitos y creencias que hemos mantenido sin considerar si aún son relevantes en nuestra vida.

Así que, ¿por qué no aprovechar este doble acontecimiento para ampliar la mirada y sacudir un poco la rutina?

Antes de que cunda el pánico, aclaremos: Venus no ha decidido hacer un "giro en U", ni está reconsiderando su trayectoria por un arrebato existencial. Es solo un efecto visual desde la Tierra. Pero, según la astrología, este fenómeno marca un periodo de introspección. Se dice que en estos tiempos alguna expareja reaparece a pito de nada, que no es recomendable iniciar romances ni comprar cosas de lujo. En otras palabras, una invitación a frenar el desenfreno cotidiano y evaluar qué es lo que realmente queremos conservar en nuestra vida.

Es como si el universo pulsara el botón de "recalcular ruta" en el GPS de nuestras emociones. Un recordatorio de que, a veces, es necesario mirar hacia atrás para poder avanzar con claridad.

El maestro Zhuangzi (庄子) decía:

"El agua estancada se pudre, pero la que fluye permanece pura. Lo mismo ocurre con el corazón."

¿Será que hay aguas estancadas en nuestra vida esperando ser renovadas?

Limpiar armarios... y el alma

El Día de las Cosas Antiguas nos da permiso para revisar lo viejo: ya sea físico o emocional, todos acumulamos objetos, ideas o sentimientos que podríamos reorganizar, reciclar o soltar.

Si cuando te preguntan cómo estás, respondes "aquí, en la misma rutina de siempre", quizá este sea el momento ideal para romper el ciclo.

Prueba hacer algo diferente:

📖 Lee ese libro empolvado que has ignorado durante años (sacude primero las telarañas).

🎶 Escucha un género musical que normalmente evitas (empieza con volumen bajo, por precaución).

🚶‍♂️ Camina por un lugar desconocido (pero iluminado, siempre es buena idea).

🍛 Cocina algo que jamás te habías atrevido a probar (recordando tus alergias, claro).

Porque no solo acumulamos cosas en la casa, también en la mente: creencias heredadas, hábitos, rencores, sueños olvidados. ¿Qué mejor momento para revisarlos que cuando hasta el universo parece sugerirlo?

Algunas lecciones de la historia

Al revisar las efemérides, un evento histórico del 2 de marzo me llama la atención porque amplía la mirada y la reflexión sobre qué conservar y qué dejar atrás.

🎩 1815 – Napoleón Bonaparte escapó de su exilio en Elba y regresó triunfalmente a París, recuperando el trono sin disparar un solo tiro. Pero su victoria fue efímera: en menos de cien días terminó derrotado en Waterloo.  

Moraleja: no todo lo que vuelve está destinado a quedarse. Lo viejo puede regresar con fuerza, pero no siempre con éxito. 

A veces, insistir en traer de vuelta lo que ya tuvo su ciclo solo nos lleva a un nuevo Waterloo. Así que, si en este Venus retrógrado sientes la tentación de volver con tu ex, retomar un viejo proyecto o revivir una costumbre del pasado, piénsalo dos veces: ¿estás haciendo una restauración sabia o simplemente repitiendo la historia?

Esta reflexión también es válida para revisar nuestra actitud hacia temas más sociales y políticos ¿es adecuado insistir en traer de vuelta personajes que ya cumplieron su ciclo? Por muy imponentes que se nos aparezcan, o por mesiánicas que sean las posibilidades, es importante reflexionar sobre lo que está pasando en el mundo y en nuestro Chile local.

La invitación: reflexionar para renovar

Este 2 de marzo, la astrología y la historia nos invitan a mirar el pasado con ironía y perspectiva. Algunas cosas antiguas merecen ser conservadas, otras es mejor dejarlas ir, y algunas más pueden encontrar nuevos significados.

Aprovechemos Venus retrógrado como un espejo:

🪞 ¿Qué historias de amor, hábitos o creencias necesitan una revisión?

🧹 ¿Qué puedo reorganizar, reciclar o descartar hoy?

La vida es un ciclo de renovaciones. Fluye, deja ir, renuévate. O como diría un viejo proverbio chino:

"Cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros; otros, molinos de viento."

Que este 2 de marzo


construyamos molinos.